domingo, 11 de septiembre de 2011

INVITACIÓN A FORO: ¿Nada es gratis en esta vida?

Organiza: Colectivo Acción y Conciencia
Martes 13 de septiembre, 12:50 hrs sala E11 de Construcción Civil

sábado, 10 de septiembre de 2011

El aborto terapéutico: una necesidad legal


Que los senadores de oposición llamen a legislar sobre el aborto terapéutico probablemente no ayude a mejorar sus bajísimos porcentajes de aprobación entre la sociedad chilena. Somos una sociedad muy moralista y apegada a los valores cristianos que se oponen radicalmente a lo que ellos llaman un asesinato de seres indefensos. Sin embargo, me parece importante escuchar este llamado y abrirnos, como comunidad, a conversar y comprender cómo el aborto terapéutico puede constituir un beneficio para los chilenos.

El bebé anencéfalo, una vez que sale al mundo, lo mira con sus ojos vacíos por un breve espacio, hasta que se le apaga la vida en su incapacidad de respirar y vivir sin estar atado al cuerpo de su madre. La placenta, única razón por la que este bebé malformado recibía sustento y crecía, no puede ser reemplazada por ninguna máquina que permita mantener esta frágil vida. Y recordamos entonces a la madre expectante que pasaba los meses pensando en un bebé que apenas se movía dentro de ella, pero que dejaría de moverse casi tan pronto como saliera del vientre protector.

Como Hemingway. For sale: baby shoes, never worn. Los cajones de bebé no alcanzan a guardar dentro de sí toda la pena y la decepción de vivir un embarazo que no daría sino frutos marchitos.

Lo llaman terapéutico, pero ese aborto no es propiamente una terapia. A veces puede ser el momento más oscuro y triste de una mujer que decide que lo mejor es no traer al mundo a una criatura que morirá. A veces puede ser el momento en que otra mujer siente el alivio de cortar el sufrimiento de su retoño antes de que pueda obtener conciencia y dolor y sufrimiento y muerte. A veces, puede ser la aceptación de que lo que alberga el vientre es no más que un cuerpo, sin una cabeza que permita respirar, crecer, vivir a un bebé. Y, entonces, preferimos no tener que pasar por todo aquello. Más que una terapia, el aborto terapéutico es un duelo.

Pero un duelo necesario. Un duelo que no implique obligar a una mujer a vivir un calvario que no necesita ni la beneficia. Un duelo que subraye la capacidad de las mujeres de tomar decisiones que impacten sobre sus propias vidas. Un duelo que permita que aceptemos, como sociedad, que hay decisiones que, por difíciles que sean, deben ser aceptadas y comprendidas como parte de esta realidad en la que vivimos: difícil, contradictoria, inesperada, con fallas orgánicas. Un duelo que nos permita comprender que aquellas mujeres que deciden abortar son tan valientes como aquellas que deciden enfrentar el desafío de dar a luz sin tener certeza del porvenir.

Creo en el aborto. Creo que es una opción legítima y aspiro a que, alguna vez, en nuestro país se reconozca la necesidad de ofrecer este procedimiento médico en forma segura y sin prejuicios a las mujeres que lo necesitan. Pero, por ahora, creo en la necesidad de legislar para que, al menos, los mal llamados abortos terapéuticos puedan ser una opción para que aquellas mujeres que gestan fetos enfermos puedan, si así lo desean, ahorrarle a su hijo y a su propia conciencia el dolor que significa una malformación o una enfermedad incompatible con la vida.


Paula González Álvarez

Letras

martes, 6 de septiembre de 2011

Réplica a carta de Sofía Brahm

Réplica a carta de Sofía Brahm

Para partir esta réplica a la carta enviada por Sofía Brahm a La Tercera, con respecto al paro de sociología, quiero referirme en primer lugar a un hecho que se ha vuelto frecuente en la discusión política dentro de la Universidad. Me refiero a la lamentable práctica de esconder las diferencias de fondo (diferencias políticas) en la forma. Esta carta es reflejo de eso, sin tocar el tema de fondo, ataca la forma, cuando ésta es precisamente deudora de lo anterior. Por lo tanto sería interesante, más aun cuando los espacios para hacerlo han estado completamente abiertos, ser sinceros y poner a disposición del debate las diferencias de fondo con respecto al tema que nos convoca.

Dicho eso, vamos a la carta.

El paro en sociología jamás se entendió como un fin en sí mismo, es esa una afirmación a la que cuesta encontrarle un sentido. ¿Para qué querríamos tener un paro por el paro en sí? Todos somos parte de una comunidad cuya actividad cotidiana, aquello por lo que nos juntamos en este espacio y tiempo determinados, es precisamente por el hecho de que estudiamos sociología. Es un sinsentido entonces que queramos tratar como fin en sí mismo una actividad que es justo la inversa a aquella por la cual nos reunimos como comunidad. Es una contradicción lógica. Acá simplemente se decide paralizar las actividades académicas, no eliminarlas, tan sólo suspenderlas debido a una situación determinada, para después retomarlas con la mayor normalidad posible. Por lo tanto, no estamos destruyendo nada, pues 1.- Nuestra condición de estudiantes de sociología no ha cambiado y 2.- como comunidad de estudiantes de sociología, organizada en una comunidad política, decidimos por los medios que nosotros mismos nos hemos dado y que nosotros mismos hemos legitimado (el paro está, por ejemplo, en los estatutos de la carrera) habernos ido a paro. Por lo tanto, lo único que realmente rompe el sentido de comunidad, es no respetar las decisiones que ésta toma y el orden que nosotros mismos nos hemos dado. Las supuestas consecuencias que se derivan de considerar como fin en sí mismo el paro, evidentemente son falsas también, si el paro no es un fin en sí mismo, inmediatamente lo que se seguía de esa proposición inicial ya no corre. Lo de los aranceles y perder el semestre, no merece comentarios, es sólo parte de una estrategia burda, antigua y despreciable: el terror.

Como medio, es utilizado para fines absolutamente atingentes a nuestra universidad. Lo dijimos mil veces y lo vuelvo a repetir: no nos movilizamos solidariamente, nos movilizamos porque el problema es de nosotros, no sólo de otros y, por lo tanto, tenemos que hacernos cargo de él. Nos movilizamos porque podemos ver en nuestra universidad las consecuencias inmediatas y nefastas de un sistema educacional que queremos cambiar de raíz, es cosa de ver la inequidad en el acceso, los elevados aranceles y la falta de democracia, por ejemplo, para darse cuenta de ello. Y paramos nuestras actividades porque este acto se constituye en uno de los únicos métodos que como estudiantes tenemos –muy humilde por lo demás- frente al poder estatal y de la clase política en general. ¿Alguien sería capaz de decir que no es por causa de esto que se ha avanzado lo que se ha avanzado? Creo que nadie. Asumiendo entonces su efectividad, nadie tampoco ha sido capaz de proponer un equivalente funcional para el paro y es bastante lógico, pues probablemente no lo hay.

Por lo demás, además de estudiantes –más bien antes de serlo- somos personas, hombres y mujeres en sociedad, y por lo tanto eso de que "se instrumentaliza la comunidad académica" es 1) una mirada reduccionista de la persona, como si ésta sólo pudiera observarse desde una arista de ella, poniendo entre paréntesis todo lo demás que la constituye y que la define en toda su complejidad y; 2) es una mirada miope de la disciplina que estudiamos, en la cual, "lo académico" está completamente atravesado por ""lo político", si podemos entender "lo político" como un acervo previo de valoraciones, con arreglo a ciertos fines y que determinan nuestros juicios. Pretender desprenderse de eso, pretender que nuestros juicios no son eco de los efectos de la historia en general, y de nuestra historia de vida en particular, es ser, por decir lo menos, poco sincero, pues se oculta tras la acusación de "instrumentalización política", las posiciones políticas propias o las decisiones y posiciones políticas que son causa de lo que hoy existe o de tal o cual teoría en particular. Por lo tanto "lo político", no degenera para nada "lo académico", sino que, al menos en disciplinas como la nuestra, está incluso en su génesis misma.

En el caso del Instituto de Sociología UC, donde estudio, los efectos perniciosos de los que habla Sofía son, de nuevo, completamente falsos. No ha habido desmovilización –Otra vez hay contradicción, pues estar en paro es estar en movilización. Tampoco creo que haya un clima conflictivo, han salido las diferencias políticas a la luz pública, es verdad, pero estoy lejos de creer que algo así sería malo. Y por último, como nunca antes ha habido una cantidad de actividades informativas y de discusión enorme, con todo tipo de invitados y sobre una gama amplísima de temas. De hecho, si hay algo que no ha habido es precisamente falta de información. De lo más rescatable de todo, más allá del hecho político de estar en paro, es que no sólo se ha hecho ese tipo de actividades, sino que se han generado instancias para poder, como estudiantes de Sociología, aportar desde nuestra disciplina a la problemática nacional; de hecho, para el Encuentro Universitario se presentarán propuestas de acceso y financiamiento emanadas de las comisiones de trabajo de la carrera. Lo triste de esto, a mi parecer, es que personas como Sofía no haya participado de ellas y estén gastando su tiempo en hacer esta campaña, en vez de, como estudiante de sociología, poner sus conocimientos a disposición de trabajo que se ha estado haciendo en la carrera. O bien, que quienes toman esta posición digan de manera abierta frente a qué están verdaderamente en contra.

Simón Ramírez

Consejero Territorial Sociales

domingo, 4 de septiembre de 2011

El paro en Sociología

Señor Director:

Los paros universitarios son promovidos por los manifestantes como medios, pero tratados como fines en sí mismos. Como medios, para fines ajenos a la universidad ya son cuestionables: instrumentalizan políticamente a la comunidad académica y, por esa vía, la degeneran. Como fines en sí mismos, van más allá: la destruyen, pues pasan por encima del vínculo de la comunidad misma y arriesgan a sus integrantes a perder el semestre y los aranceles del mismo.

En el caso del Instituto de Sociología UC, donde estudio, los efectos perniciosos del paro han sido evidentes: desmovilización, desinformación y ambiente conflictivo. Ello se ha dado junto con instancias positivas, como grupos de trabajo y foros, pero que podrían haber convivido con las clases para, de esta forma, invitar a más estudiantes a participar. Lo más triste de todo ha sido no poder, como estudiantes de Sociología, aportar desde nuestra disciplina, encarnada en una Unidad Académica operativa, a un país que hoy lo que más necesita es reflexión serena y profunda. En vez de eso, nos hemos dejado arrastrar y, con nosotros, arrastramos a la Universidad.

Sofía Brahm
Estudiante de Sociología ISUC

viernes, 2 de septiembre de 2011

Las dos caras de la moneda

Lo que vemos el día de hoy, tanto en las calles como en el debate público, resulta por un lado fascinante, ya que presenta una oportunidad muy positiva. Pero, por otro lado, se torna también preocupante ya que arroja costos y riesgos de los cuales al parecer, nadie se está haciendo cargo. Como siempre, la moneda tiene dos caras: beneficios y desventajas. Aún así, la educación debe ser reformada, ¿o alguien duda de este hecho?

El problema es siempre el modo. Pero, claramente, eso implica al menos un consenso previo sobre cuáles serán los canales para acordar tanto la idea general como sus detalles técnicos. Además, existe un descontento social que fue abruptamente destapado producto de lo anterior. ¿Se requieren reformas políticas? ¿Estamos ante una crisis institucional?

¿Cuántos mártires se necesitan para que los actores –todos– se sienten en la mesa con mutua confianza? Porque, al parecer, de lo que más hay carencia, más que de educación, es de confianza. Un sinfín de preguntas nos arroja la situación de hoy, pero ojalá que sus respuestas nos lleven a una salida constructiva y beneficiosa para el país y su sistema educacional.


Una oportunidad que nos requiere a todos

Primero, la oportunidad es histórica pero no por eso fácil de concretar. Es muy bien sabido a nivel mundial lo difícil que es lograr sistemas políticos bien pensados y maduros que puedan hacerse cargo de buena manera de las reformas a largo plazo. Lamentablemente, la política pública de calidad no es el resultado esperado cuando el incentivo es ganar votos en cada periodo eleccionario de personas no muy informadas. Somos mal educados, tanto intelectual como cívicamente, y se dice que los políticos son lo que su pueblo se merece: ¿estamos frente a un círculo vicioso?

Es por ello que en parte se hizo necesario que para reformar la educación, los estudiantes y la sociedad civil se levantaran cada cierto tiempo a exigir mejoras: fue muy bello el inicio de este movimiento y nadie niega el gran valor que tuvo para poner el tema en la agenda. Ahora, todavía ridiculizan su convicción al dejar en claro cuales son los elementos que faltan y cuál conjunto de ideas está completamente marginado y censurado de las lógicas del sistema. Porque es cierto que el sistema educacional que hay en Chile es único, técnicamente muy cuestionable y basado sesgadamente en una ideología. Es necesario entonces incluir esos componentes que tanto le hacen falta, que tanto cuestan empujar hacia adelante en la política.

En ese sentido, en mi opinión, las propuestas del gobierno abarcan reformas muy necesarias y positivas para corregir el modelo, pero no mejoran ciertos aspectos estructurales del mismo. No queda clara la distribución de montos como para saber si se va a hacer reflotar o hundir la educación pública, o qué pasará con las instituciones regionales ni cuales serán los efectos en aspectos específicos, como la investigación. Porque por el momento lo único seguro es que se está incurriendo en una exacerbación casi morbosa del financiamiento a la demanda, en un sistema aún muy desregulado. Lo bueno es que está ahí la ciudadanía para recordar estos aspectos en el largo plazo, aunque ojalá se hiciera de mejor forma el día de hoy.


Las responsabilidades son compartidas

Pero esto no es los buenos contra los malos, ni blanco y negro. Ponerlo así es un simplismo, un reduccionismo y un deseo de polarizar que repudio. Han habido altos niveles de irresponsabilidad de ambas partes respecto a los costos, aparte de los obvios y tangibles en cuanto a la violencia y daños que a la prensa le gusta destacar.

¿Sabía usted que como movimiento estudiantil hemos ayudado a perjudicar la educación pública? Y todos somos responsables, no sólo el gobierno. Sólo esperemos los números, cuánto bajará este y los siguientes años la matrícula pública en liceos municipales y los puntajes de corte en universidades tradicionales, cuánto bajará el rendimiento a fin de año y las posibilidades de educación superior de toda una generación en los establecimientos parados, cuál será el costo para el comercio Pyme en el centro, las consecuencias de generar polarización de forma no sana, ser responsables de dejar instaladas en la población ideas que no son factibles o perjudiciales, etc.

Si bien el gobierno y los políticos no han sabido guiar un proceso institucional adecuado y sus propuestas tienen falencias, lo que en parte provoca lo anterior, los representantes y el movimiento como un todo también tienen responsabilidad en estas consecuencias. Hay muchas maneras de levantar inquietudes, de construir y liderar un mensaje, varias formas de llevar a cabo una negociación y de ejercer presión. Claramente hay caminos más constructivos y estratégicos que otros. En ese sentido, ojalá que la oportunidad de llevar y concretar estas demandas por vía institucional no se haya perdido, y que las señales de acercamiento que vemos el día de hoy apunten en esa dirección.

La FEUC tiene mucho que aportar en ese sentido, razón por lo cual le he demostrado mi apoyo. Pero dicho aporte debe darse con un sentido de responsabilidad y madurez política, con una visión de acordar progresivamente reformas graduales y necesarias en beneficio de la educación pública de calidad y educación privada con justicia que Chile se merece, y que ojalá también lo integre socialmente. Siento que muy pronto sucederá el punto de inflexión, y ojalá que la moneda, esa que gira mostrando rápidamente ambas caras, caiga hacia el lado correcto.


Markus Niehaus
Estudiante de Ingeniería Civil
Consejero Territorial

miércoles, 31 de agosto de 2011

¿Consideras que la UC es una universidad realmente Católica?

[NOTA DEL DIRECTOR: El PUClítico no tiene ninguna relación con este proyecto]

Estimad@, ¿Consideras que la UC es una universidad realmente Católica?


Este año, un grupo de jóvenes católicos laicos nos hemos inquietado, pues creemos que nuestra universidad no da respuesta satisfactoria a esta pregunta. Sentimos que nuestra universidad no acoge las preocupaciones de quienes juzgan, finalmente, la catolicidad de una casa de estudios: los más pobres. Es por esto que sentimos una deuda pendiente con ellos y con la invitación que el Concilio Vaticano II nos regala: ser Iglesia verdaderamente servidora de los más marginados de nuestra sociedad. Sentimos una obligación como alumnos, profesores y funcionarios de la UC, a construir reino y no anti-reino en la sociedad en que vivimos. Una obligación a poner todas nuestras herramientas al servicio de otros.

Esta situación nos incomoda e inquieta, y esperamos que a ti —como alumno, profesor o funcionario de nuestra casa de estudios— también. Ante esto, hoy queremos invitarte a responder a este desafío, pues nuestra Misión como miembros de la UC no es otra que ser buena nueva para los marginados de la sociedad en que vivimos. Para construir una universidad verdaderamente católica, debemos reunirnos y dejarnos interpelar por el Espíritu.

Finalmente, te volvemos a preguntar: ¿Se hace cargo la UC de su condición de universidad católica? ¿Está acogiendo las inquietudes de los más desprotegidos? ¿Es la universidad cuna de justicia, equidad y fraternidad para nuestro país? ¿Es nuestra universidad una buena nueva para los más pobres?

Javier Barrera Pozo, (Teología)
César Barrientos Bahamonde, (Construcción Civil)
Eduardo Castillo Marín, (Construcción Civil)
Ignacio Cobo Muller, (Ingeniería Comercial)
Diego Contreras Clock, (Medicina)
Pablo Geraldo Bastías (Historia, Filosofía)
Francisca López Arias (Teología)
Andrés Manen Núñez (Ingeniería)
Carmen Mardonez (Arte)
Fernando Pino Molina (Derecho)
Macarena Sanhueza Céspedes (Sicología)
Manuel Torres Sahli (Sociología)
Francisca Vergara González (Teología)
Germán Villarroel Godoy (Ingeniería)
José Antonio Zavala Espoz (College)
Rebeca Guzman (Prof. Teología)
Mike Van Treek (Prof. Teología)
Ignacio Oliva Peirano (Ingeniería)

* Si te interesa la iniciativa, puedes ubicar los foros que se están realizando en los diferentes territorios de la universidad. También puedes buscarnos en Facebook (Por Una PUC Católica) o enviarnos un correo (eslapuccatolica@gmail.com).




martes, 30 de agosto de 2011

Las elecciones FEUC importan, y no poco...

A pesar de que la participación política en la Universidad Católica es alta, resulta innegable la presencia de cierta indiferencia por parte de una porción del alumnado que se cuestiona constantemente la relevancia y la razón de ser de esta suerte de “política chica”. Y bueno, si algo ha quedado impregnado en la sociedad es que las brechas entre aquello que conocíamos como “alta política” o quienes lisa y llanamente dirigen la toma de decisiones a nivel país, y la “política chica” entendida como federaciones de estudiantes, centro de alumnos, asociaciones de estudiantes secundarios, etc.; se ha reducido considerablemente.

Ninguna persona expuesta a la contingencia y con cierto grado de conocimiento podría llegar a sostener una hipótesis vinculada a la indiferencia para con la política universitaria. Si algo ha quedado demostrado es que la política universitaria importa, en la medida que se constituye en un actor que participa en el ámbito de las políticas públicas, ya sea como actor de veto, como actor propositivo, como líder de una corriente social revisionista del sistema o simplemente como una asociación intermedia que vela por la defensa de sus intereses, como es en este caso la causa de un modelo educacional más justo y de calidad para todos.

Por lo tanto, no resultaría extraño que este año muchos ojos ajenos a la política universitaria centren su mirada en ella – tanto a nivel gobierno como oposición - puesto que no es poco lo que está en juego. Lo anterior siempre implica un riesgo en términos de la deseable autonomía de los procesos políticos universitarios.

A nivel de FEUC las próximas elecciones esclarecerán la reacción de un electorado que confió en un proyecto de centro izquierda pero que este año se ha visto expuesto - de manera vivencial y no discursiva - a los eventuales costos y beneficios de dicha apuesta. La discusión, en este sentido, no solo se desarrollará en torno a una evaluación de las formas con las que ha operado el movimiento universitario, sino que también, en torno al fondo de muchas de estas propuestas.

El escenario es óptimo para una elección colmada de ideas y proyectos ambiciosos, pero es evidente que el electorado también exigirá cierto grado de prudencia y sensatez después de un año tan agitado del cual todos hemos sido testigos.


Jorge Ramirez R
Estudiante de Ciencia Política
Practicante Instituto Libertad y Desarrollo